gracias por enseñarme que el mejor día es hoy y los mejores minutos son estos cinco,

que la etiqueta de cualquier objeto puede ser asombrosa y deliciosa,

que se puede vivir con una sonrisa en los labios y sonreírle a cualquiera,

gracias por enseñarme a hablar con extraños en cualquier lugar,

por enseñarme que todo mundo tiene una historia qué contar,

por regalarme el tenue aroma de tu cabecita cuando te acurrucas en mi pecho,

por tu voz inconfundible nombrando el mundo a tu manera.

 

gracias por enseñarme a detener el tiempo y dejar de lado mi prisa,

por cantar y bailar junto a mí,

por hacerme ver que no todo es blanco y no todo es negro,

por enseñarme a asombrarme por un hoyo diminuto en el piso,

por ayudarme a entender que no todo puede estar planeado,

por despertar cada mañana diciéndome “ma-má”.