Archivos para el mes de: marzo, 2010

los ojos de carolina  se llenan…

las fuentes, los ríos, las paredes,  las secuencias, el andar,

los viejos, los niños, la locura, las cosas más pequeñas,

sus ojos de todo se llenan y,

de todo invoca…

el amor en las manos y en el cabello revuelto,

la sonrisa con la que despierta cada mañana

y, sorbito a sorbito de un mate amargo,

se va plantando en la vida que le es tan propia y tan juguetona,

para comenzar de nuevo a llenar las cuencas,

a andar danzarina y felíz

a merced de la belleza de las letras con las que nos cuenta…

de su alma tan mágica

(phi)

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“…cuando se trata del sentimiento puede menospreciarse la lógica, cosa bastante cómoda si no se está muy fuerte en ella…”

(Servidumbre Humana, William Somerset Maugham)

anda dando vueltas en la mente,

la palabra,

y es pudorosa

aún no quiere salir.

es desleal conmigo,

porque ya no es más mía

es tuya desde que apareciste…

de repente

(phi)

No estoy.

No la conozco.

No quiero conocerla.

Me repugna lo hueco,

la afición al misterio,

el culto a la ceniza,

a cuanto se disgrega.

Jamás he mantenido contacto con lo inerte.

Si de algo he renegado es de la indiferencia.

No aspiro a transmutarme,

ni me tienta el reposo.

todavía me intrigan el absurdo, la gracia.

No estoy para lo inmóvil,

para lo inhabitado.

Cuando venga a buscarme,

Díganle:

“se ha mudado”.

(oliverio girondo)


Pulp,  Scott Weiland, Cesaria Évora, Chris Cornell, Mono, Tori Amos, Iggy Pop y otros forman parte de este magnífico soundtrack  que le da ese toque de antaño-modernista a ésta historia.

(película Great Expectations, Alfonso Cuarón)

sacudiendo la arena que nos dejó esa noche en que el cielo era una esfera

entretejiendo hilos en los dientes para sacarlos todos de un jalón

destornillando cada estrella de ese inmenso cieloescenario

saliste de la mente de los guerreros que escogieron permanecer.

la mínima brisa que nos daba vuelta y nos limaba las sonrisas

ahora es un huracán tratando de encontrar el baúl donde será encerrado,

ya no da para más

la eterna melancolía absurda,

no da para más

la ruidosa afrenta de los cañones que teñían el campo de palabras falsas,

no da para más

la guerra, el recuerdo, la inexactitud, el odio, el amor jodido

(phi)

“…La misión del loco es
rescatarse a sí mismo del caos
del absurdo de la no existencia
en la soledad incomunicable,
organizando un territorio de signos y cosas
que dialogan entre sí,
lugar donde la vida tiene sentido
y puede salvarse en esta esquina
del mundo…”

(raúl aceves, fragmento de “hogar, loco hogar”)

Siempre todo empieza con una luz tenue y los primeros acordes de un tanguito. Es cosa de entender esos códigos de la noche de milonga. Se sueltan las miradas cómplices mientras algún hombre busca a su bailarina para esa ronda.

Me mira, directo a los ojos, me sonríe o levanta sus cejas secretamente compartiéndome el baile. Yo nerviosa me levanto sintiendo su mirada sobre mis hombros, con el pecho erguido recibe el mío y su mano envuelve la mía.

Y es que el bailar tango es como aprender a degustar el vino o el dulce de leche… y si empiezas a hacerlo no puedes dejar de hacerlo, siempre quieres aprender más, bailar más, sentirlo más.

La música no sólo es cuestión de  compases y de ritmo, va más alla de una voz desgarradora que te hace pensar en alguna callecita nocturna del Abasto.

La música es la cadencia del violín y el arrebato del piano. Va encontrando el enlace perfecto entre los latidos del corazón y los movimientos… el roce de la mano en la espalda y las piernas jugando a seguirse hasta abrazarse.

La música es lo suficientemente queda para poder oír en el oído la respiración del otro, pero suficientemente fuerte para lograr una unión entre dos cuerpos, que buscan ceder, complementarse y sentir cada compás, interpretar una historia entera en la duración de un tango, tan intensa como  el sentimiento exhalado por el bandoneón.

(phi)

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