Archivos para el mes de: diciembre, 2009

 

 

volverla a la vida!!!

hermosa!!

 

aprovechando la ocasión:

FELÍZ 2010!!!

 

podría tenerte,

pero mejor aún, estás aquí ante mi…

ser, no complemento

íntegro, no mitad

sombría tentación de hacer un pacto

con tu sangre y tu fuego,

calcinante hasta la médula,

congelante hasta el silencio

tentación de seguir las líneas

que llegan a los pliegues,

fundidos en calor…

oscuros rincones de tu universo

tentación de llenar…

llenar tus cuencas y tus manos,

caer rendida a tu lado,

de gritar y tener una segunda voz

(phi)

quieto, en un lado de mi cama,
soy amante de tus formas,
de esa música que te apresa y que me tienta,
de mis dedos alborotados que se sacan el miedo
y preguntan por tí

soy amante de tu aroma a incienso
y el bosque en el que me imagino cuando me abrazas,
de la sonrisa que me regalas cuando abres los ojos…

cuando no hay nadie más aquí…
ni en tí, ni en mí
(phi)

Cuando llegué a vivir a la Argentina mi contacto con la cocina había sido casi accidental, a pesar de ya haber vivido varios años sola en México, tuve siempre algún o algunos ángeles guardianes de mi alimentación que me iban bancando (gracias a Telita, Paus, Mali y las señoras del rancho de San Diego de Alcalá, Benjamín C, que me enseñaron mis primeras lecciones de cocina básica) . Y así me salvaba de comer alguna de las tres cosas que sabía cocinar todos los días, o sea, huevos revueltos con jamón (que a pesar de todo, los sigo disfrutando como la primera vez que los hice), milanesa empanizada y tacos de carne picada.

Acá en tangolandia, el hambre hizo lo suyo: el milagro para un alma renuente a la cocina.  Empecé a atreverme a improvisar. A inventar, crear y disfrutar del proceso de cocinar. Cambió mi cabeza. El hecho de cocinar es ya un acto de amor, hacia tí y hacia los demás y es un ejercicio mental constante; requiere coordinación, memoria, creatividad, lógica y razonamiento matemático (que como médica, éste es el que más me cuesta). Cada vez amo más el cocinar para mí, y aún más, para los demás.

Después de dos años y muchas cenas para amistades me considero una cocinera aceptable, pero aún soy una principiante en este mundo extensísimo de la gastronomía (me disculpo y agradezco a todas las personas que aún ante un platillo insípido o mal cocido, me regalaban una sonrisa y un “está muy rico”). He tenido la suerte de encontrarme con amigos que cocinan mucho y que, como a mí, les gusta experimentar con los sabores y meterse en los mercados buscando especies, y frutas y verduras raras; así que me siento en total libertad de servirles una “improvisación o inspiración” del momento.

He aprendido a adaptar algunas recetas mexicanas a un estilo más sudaca, accesible y no tan agresivo al paladar que no está acostumbrado, generalmente, a los sabores fuertes, y a ingeniármelas con la falta de un buen molcajete, un aplanador y una tortillera… en fin, gracias a todos los valientes que muchas veces, sin saberlo, fueron conejillos de indias!!, pero eso si, con mucho cariño!!

(phi)


En un vagón de tren, a mi lado: un terrón de azúcar, ¡qué cosa!, no es nada si no lo has mirado bien, pero no tiene comienzo ni fin.
De repente siento que no quiero llegar a la próxima estación y el tren sigue andando, yo sigo andando, pero ahora el viaje es distinto, me lo dijo este pedazo de dulzura… Es impostergable el cambio de escenario.

Soy trotamundos de un solo tren con infinitas escalas…
clara, sonriente y agradecida por este dulce sabor de boca que me deja ésta estación,
yo seguiré aquí…
como un terroncito de azúcar

(phi)
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