Hace unos días, no recuerdo cómo, llegué a las páginas de premios a las mejores fotografías… las de los premios pulitzer, los de fotoperiodismo, etc… y después de ver varias bastante crudas, que si bien es cierto que te golpean la cabeza, creo que te mueven más por el lado del morbo y me resultaron bastante chocantes.

Entre tanta crueldad a sanre fría, me encontré con una serie de fotografías que de una forma muy diferente cuentan una historia, y que me parecieron, tal vez en mi  psiquis  de defensora de casos de género  y mi formación de médica (que a final de cuentas y aunque no me guste tengo bastante),  mucho más humanitarias y propositivas.

Las que me agarraron de la fibra sensible fueron las que contaban la historia de las mujeres en Etiopía, que padecen, encima de varios otros tipos de abusos y atropellos a su integridad, una marginación que, como cualquier otro tipo de discriminación, es muy cruel.

Estas mujeres al tener un parto que muy pocas veces es atendido por un especialista en la materia, léase  partero, brujo, enfermero, paramédico y mucho menos médico, sufren de desgarros en su aparato genitourinario, lo cuál les genera una fístula, que en palabras comunes y corrientes, es una comunicación entre la vejiga y la vagina, con lo que sufren de salida de orina todo el tiempo.

Son imágenes de la marginación por la que pasan, a parte de a veces sufrir también por la pérdida de sus bebes en un parto mal atendido. Las mujeres son abandonadas por sus familias y señaladas por la sociedad,  y son orilladas a vivir entre sus ropas mojadas y las infecciones y enfermedades que les acarrea su condición.

La historia sigue y muestra el rayito de luz para estas mujeres que encuentran una solución en la Fundación Fístula que, con ayuda de donaciones, les da gratuitamente atención quirúrgica, cuidados durante la recuperación y el día de su “graduación”, el regalo de un vestido nuevo como símbolo de una nueva vida.

Esta, es una de las tantas historias ajenas a muchos de nosotros y que en mi caso, está lejos en distancia, pero hay tantas otras historias que tenemos en la puerta de nuestras casas, al lado de nosotros en el tren o el colectivo, a través del vidrio del coche o en un rinconcito de una casa hogar o un asilo de ancianos de nuestra ciudad, y que nos olvidamos la mayoría de las veces de por lo menos darles una miradita y sacar una foto con la conciencia.

 

(phi)

 

después de ver las fotografías me puse a investigar sobre esto.. http://www.fistulafoundation.org/

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