Poco a poco el amor se va tornando lo que nunca pensamos que era… nos lleva a generar impulsos prejuiciados por lo que soy y siento, cómo vine y de dónde; y, prevengo, que las verdades han de venir.

En el tope, la guillotina de la intensidad, la patológica irrealidad, que nos hace asomarnos por la ventana, para ver pasar nuestro Yo más reprimido, lo que nunca sabemos que está y…  solo sale,  sólo sale… como una especie de lado oscuro que nos crea un conflicto: lo muestro tal cuál es? o lo escondo como lo más monstruoso de mí Yo euforizado por el corazón tocado por Venus?

Y resaltan otras preguntas… que si sólo es el sentimiento de separatidad el que me lleva, o, realmente hay una catarsis en el espacio del cuál yo soy ignorante, pero me ofrece un camino…

un camino que se abre hasta el alma de un Otro que también piensa en la culpa de sentir y reprimir o dejar ese Yo oscuro, intenso e impulsivo fluír.

Y mi camino llega hasta la epidermis o un poquito más allá, a la punta de los cabellos, y, de ahí, en conjunto, construyo un puente…  el más largo y complicado para construír. El puente hacia el alma, cuore, semilla, de ese Otro.

Ese puente que tiene que atravezar los más trágicos y desventurados procesos, peor que cualquier inclemencia ambiental… los prejuicios, el pasado, el dolor, la soledad, la tristeza, las experiencias, el coraje, la decepción, las cicatrices.

Pero cuando llega… ese puente… bendito puente; cuando acepta, tolera, maximiza, encara, reta

…libera…

estar ahí, es un trabajo duro y con todos los intrumentos a cuestas…

disfrutas… es el puente de locura, el de recompensas infinitas en el alma de un Otro.

(phi)

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